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La noria de Roundup, la OMS y los plaguicidas

27 April 2015 Editorial
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El 20 de marzo, la publicación británica Lancet Oncology publicó el resumen de un informe (en Inglés) del Centro Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IACR) de la Organización Mundial de la Salud donde se clasifica al  glifosato -ingrediente activo del Roundup de Monsanto y el herbicida más utilizado del mundo- como “probablemente cancerígeno para los seres humanos.” Con este informe, la OMS reconoce explícitamente la importancia de la investigación independiente sobre el impacto de los plaguicidas en la salud humana y la cadena alimentaria: campo dominado durante mucho tiempo por los fabricantes de plaguicidas. Y da una importante oportunidad para impulsar acciones a los defensores de los derechos a la alimentación y de un sistema alimentario más sano y seguro.

Monsanto inmediatamente atacó la credibilidad del informe, y no será la única empresa en abatirse con sus grupos de presión sobre la OMS y los organismos reglamentarios nacionales. El glifosato se utiliza en unos 750 productos comerciales, y Monsanto, que vendió cinco mil millones de dólares de Roundup el año pasado, no es el único fabricante. Prácticamente todas las grandes empresas de agroquímicos venden una formulación de glifosato desde que la patente pasó al dominio público en 2000.

La aplicación de glifosato, como señala el informe de la OMS, se ha expandido de manera exponencial con el crecimiento de la soja, el maíz, el algodón, la colza (canola) y variedades de remolacha azucarera de Monsanto, genéticamente modificados y diseñados para resistencia al glifosato. Las ventas de los complejos Roundup (herbicidas y semillas) generan alrededor de la mitad de las ganancias de la compañía. Pero el glifosato se utiliza ampliamente como herbicida en general en la agricultura y la silvicultura, así como en huertas familiares y tierras públicas. También se aplica para secar los cultivos de grano, legumbres y oleaginosas antes de la cosecha, dejando residuos significativos en las variedades no transgénicas.

La aplicación masiva de glifosato en la agricultura, como era de esperar, ha inducido al desarrollo de decenas de variedades de "supermalezas" resistentes al glifosato que requieren mayor aplicación y formulaciones cada vez más tóxicas, incluidas combinaciones de glifosato con una generación anterior de herbicidas para el que fue comercializado como un reemplazo más seguro. El sistema de control de malezas de Dow Chemical 'Enlist', promocionado actualmente en América del Norte, se basa en semillas que han sido modificadas genéticamente para resistir una formulación plaguicida que combina glifosato con el altamente tóxico 2,4-D: el ingrediente activo en el agente naranja utilizado por los militares estadounidenses para destruir los alimentos y los bosques en Vietnam, con su tóxico subproducto de la dioxina. En enero de este año, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos aprobó nuevas plantas transgénicas de algodón y soja  de Monsanto, producto de semillas transgénicas diseñadas para resistir supermalezas con un cóctel biocida de glifosato y dicamba. La comercialización está a la espera de la aprobación del herbicida. Monsanto y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos estiman que el uso de dicamba en la soja aumente 500 veces, con un aumento de 14 veces en el algodón. Dicamba tiene una propensión bien documentada a la deriva, poniendo en peligro las plantas de hoja ancha que no son su objeto (incluidos los cultivos comerciales) y los insectos polinizadores que dependen de ellas. Se ha relacionado con riesgos para la salud y el medio ambiente, y ha generado sus propias variedades de malezas resistentes.

El informe del IACR señala que se ha detectado glifosato "en el aire durante la pulverización, en el agua y en los alimentos" y "en la sangre y la orina de trabajadoras y trabajadores agrícolas, lo que indica una absorción". Dicho informe cita pruebas en Canadá, Suecia y Estados Unidos que relacionan la exposición ocupacional de trabajadoras y trabajadores a glifosato a un mayor riesgo de linfoma no Hodgkin (cáncer de la sangre) y "daño del ADN y los cromosomas en mamíferos, y en células humanas y animales in vitro", entre otros riesgos. Nada de esto es realmente noticia. Durante décadas, los estudios independientes han confirmado la presencia ubicua de glifosato:  en agua dulce, incluida el agua de lluvia, en la sangre, en la orina incluso de habitantes de la ciudad y en la leche materna humana. Investigaciones independientes han señalado los efectos negativos del glifosato en la salud humana y la toxicidad potencialmente más amplia. El IACR se basó en una parte seleccionada de esta investigación. La noticia es que la importancia de esta investigación ha sido reconocida por la OMS, lo que contribuiría a convocatorias de una reglamentación más estricta.

Monsanto se apresuró a denunciar el informe del IACR como "una desviación dramática de la conclusión alcanzada por todos los organismos reguladores en todo el mundo", pero los organismos reguladores hace tiempo que han sido capturados por la industria de los plaguicidas, que proporciona los informes que se reciclan en el proceso regulador. Los organismos reguladores se niegan sistemáticamente a revelar la información en que basan sus conclusiones y decisiones, aludiendo que es "secreto comercial".

La autorización del glifosato en la Unión Europea, por ejemplo, es actualmente objeto de revisión. El año pasado, Alemania, país responsable del informe de evaluación para la renovación, presentó una evaluación positiva por escrito del Instituto Federal de Evaluación de Riesgos elaborado a partir de material preparado por el grupo de trabajo sobre el glifosato (GTF por su sigla en inglés), un "consorcio de empresas aunando recursos y esfuerzos con el fin de renovar el registro del glifosato europeo con una presentación conjunta”. Los esfuerzos de las organizaciones no gubernamentales para forzar tanto la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria como a las agencias reguladoras alemanas para que den a conocer su material sobre la toxicidad a largo plazo del glifosato han sido rechazados sistemáticamente, pese a una sentencia de 2013 del Tribunal Europeo de Justicia que ordena la divulgación completa (la Comisión Europea apeló). Sobre la base de estos informes secretos, Alemania también ha recomendado que Europa siga a los Estados Unidos en aumentar los niveles permitidos de exposición al glifosato.

La aplicación masiva de plaguicidas tóxicos no sólo está generando malezas resistentes a los plaguicidas, está atrapando al sistema alimentario —y al planeta— en una noria de mayor aplicación y más formulaciones biocidas cada vez más tóxicas. Sólo unos días después de la publicación del  estudio (en Inglés) en la revista de la Sociedad Americana de Microbiología 15 se vinculaba a un trío de los plaguicidas - glifosato, 2, 4-D y dicamba - con el aumento de la resistencia a los antibióticos en las bacterias e-coli y salmonela, dos patógenos que han invadido cada vez más el sistema de alimentos hiperindustrializado, matando y enfermando a miles de personas al año. La noria de plaguicidas y sus supermalezas está vinculada con la noria  de los antibióticos y los superpatógenos resistentes a los antibióticos.

Hay una alternativa probada en vez de saturar los cultivos y los trabajadores agrícolas con toxinas químicas que colocan a los trabajadores y la salud de los consumidores y al propio sistema alimentario en riesgo. Entre las alternativas a los monocultivos hiperintensivos químicamente dependientes  se encuentran  los policultivos, la agricultura mixta y sistemas de rotación que utilizan cultivos herbáceos y de cobertura para el control no químico de plagas. Estos métodos de preservar la biodiversidad, enriquecen el suelo, conservan el suelo y el agua y pueden producir más alimento por unidad de tierra que los establecimientos (y trabajadores agrícolas) empapados en grandes cantidades de Roundup, Xtend y Enlist. No dependen de los derechos intelectuales patentados. Con el apoyo adecuado, pueden generar empleo rural social y ambientalmente sostenible. Los dos proyectos están vinculados a través del nexo que une a los derechos de los alimentos con los derechos de los trabajadores y trabajadoras de la alimentación.

El glifosato, particularmente en sus formulaciones Roundup, ha sido promovido por sus creadores no sólo como seguro, sino como beneficioso, para el medio ambiente, es decir  con respecto  al cultivo sin labranza (que en realidad no necesita plaguicidas). El informe de la OMS cuestiona lo que dice la industria, y ello debería ser usado para desafiar los esfuerzos por promover el glifosato como alternativa  al paraquat, herbicida altamente tóxico que el UITA y otros grupos hace muchos años que intentan prohibir.

¿Resistirá la OMS la presión de la industria de plaguicidas? Mucho depende de la respuesta del público, que también significa derrotar las movidas para rebajar los estándares regulatorios más bajos a través de acuerdos como el Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión entre la Unión Europea y Estados Unidos (TTIP). El lobby de la biotecnología y los plaguicidas en Europa y Estados Unidos quieren utilizar este instrumento para eliminar todos los requisitos sobre transgénicos, incluidos los niveles de umbral de contaminación. El repentino foco puesto sobre el glifosato, y la creciente conciencia de la amenaza a la seguridad de los alimentos que contiene el TTIP y similares acuerdos comerciales y de inversión, puede ayudar a catalizar un movimiento más amplio para transformar radicalmente el sistema alimentario. Los sindicatos deben estar a la cabeza del movimiento.